“El Hip-Hop salva vidas”:

por Mc Dialéctico

Referencia histórica acerca del nacimiento de la cultura hip-hop:

Durante la década de 1970 y 1980 el sonido disco imperaba en la cultura musical de una ciudad neoyorkina que ardía en llamas, literalmente. El ritmo disco era sexo, brillo, consumo, baile, opulencia, antros, fama y moda. Mientras que en algunas partes de la urbe las personas se empapaban de los placeres de la vida nocturna, bailando, drogándose y derrochando su dinero en bares, otras eran víctimas del caos, de un caos que estaba más relacionado con las consecuencias del abandono social, que con el descontrol al mover las caderas y sudar al escuchar una canción en Studio 54.

El Bronx es un distrito que se ubica hacia el norte de la ciudad y en aquella época representaba la decadencia socioeconómica que estaba sufriendo Nueva York. Antes habitados por una comunidad mayoritariamente judía y de clase media alta, sus inmuebles estaban poblados por algunas familias de latinos, gran parte de ellos puertorriqueños. Sin embargo, la multitud que destacaba y estaba hacinada en la mayoría de edificaciones eran negros, que provenían de los estados del sur del país o que también eran inmigrantes originarios de varias islas del Caribe.

 

Estas comunidades eran personas pobres, desempleadas y en muchos casos sin recursos para pagar el alquiler de las habitaciones donde vivían. Como consecuencia, los angustiados dueños tomaban la determinación de incendiar los edificios con el fin de, aunque sea, cobrar el dinero del seguro. Las estructuras eran consumidas por el fuego, a veces, sin discriminar si en ellas había gente en ese momento.

El sur del Bronx era un territorio en guerra. Este ambiente hostil se percibía no solo por el ya deteriorado paisaje urbano, de edificios quemados o hechos escombros; sino por la batalla campal desarrollada en las calles y esquinas del mismo, protagonizada por pandillas de jóvenes negros y latinos. Los objetivos de estas cuadrillas eran simples: la administración de la droga que era consumida en el gueto y ser dueños absolutos de la criminalidad y de los bloques, en su mayoría compuestos por ruinas.

 

Como consecuencia de estos conflictos pandilleros hubo un sin número de jóvenes arrestados, desaparecidos y muertos. En medio de esta vorágine de delincuencia el Hip Hop surgió como una propuesta para apaciguar, o en el mejor de los casos, darle fin a la cruda realidad que estos jóvenes vivían a diario.

 

Todo comenzó con Kool Herc, un dj oriundo de Jamaica que residía en el Bronx. La técnica que aplicaba al mezclar canciones de soul y funk comenzó a cautivar cada vez más a quienes asistían a sus fiestas. En temas como los de James Brown, por ejemplo, Herc identificaba en qué momento iba a sonar el solo de percusión para hacer un break, que consistía en extender esa parte de la canción y permitir que las personas pusieran en práctica sus mejores pasos. Justo en este contexto nació lo que hoy día es considerado uno de los pilares de la cultura Hip Hop: el break dance.

Un expandillero de la zona pudo reconocer que los eventos organizados por dj Kool Herc alejaban a la juventud de los conflictos callejeros, aunque fuera momentáneamente. Lance Taylor, conocido como Afrika Bambaataa, tomó la iniciativa de Herc para convertirla en una intervención social. Su determinación también fue influenciada por la película Zulú y un viaje que realizó al continente africano y que fue un premio que obtuvo gracias a un ensayo que él redactó.  

 

El Hip Hop entendido como una cultura integral fue una noción creada por Bambaataa para darle fin a un conflicto pandillero que parecía nunca iba a terminar. Los elementos del break dance (baile), graffiti (pintura), mcing y djing (rima y música) permitieron que estos jóvenes pandilleros se apropiaran de las calles con una intención más cultural. Ya no se mataban, ahora competían por ver quién hacía el mejor paso de baile, el grafiti más colorido e imponente o la rima perfecta sobre el beat puesto por el dj. En cierta forma, el Hip Hop les salvó la vida.   

El Hip-Hop salvo mi vida: Breve referencia personal

Me llamo Daniel Felipe Rodríguez Cortés y nací en Medellín, Colombia. Soy hijo de un guerrero y una guerrera. Mi padre nació, creció y fue eliminado en un barrio llamado Caicedo. Por otro lado, desde que tenía nueve años de edad mi madre fue cabeza de una familia compuesta por dos niños y una niña más, además de un padre hundido en el alcoholismo y la depresión. Todo esto en Granizal, la comuna número uno de “La ciudad de la eterna primavera”.  

La desaparición de mi abuela materna es un tema que contadas veces se ha mencionado; prácticamente es un tabú en la familia Cortés. Algunos le atribuyen su desaparición a la locura que ella padecía, según ellos. La otra versión es que actualmente vive en algún lugar de «medallo» con una nueva familia. Por último, una persona de mi absoluta confianza dentro de la familia (quien me dio el permiso de escribir esta versión del caso) me comentó que todo apuntaba a que mi abuelo la asesinó y enterró en el patio de la casa. Lo que yo sé, es que mi madre, siendo una niña, asumió un rol de “mamá de sus hermanos” ante la ausencia de esta señora. Los cuidó y formó hasta que todos se graduaron del colegio y, bien que mal, cada uno fue tomando su camino.

En Granizal crecí hasta los 5 años, por ende, mis recuerdos sobre esa primera infancia son bastante nublados. Solo sé que fui muy feliz viviendo en aquel ranchito de latas que ya no existe, y que un día vi correr a mi tío Jair con la mano izquierda intentando tapar su cabeza ensangrentada, desesperado y pegando alaridos. Recuerdo que detuvo un taxi y se fue. Después me enteré qué fue lo que sucedió: una de esas balas que se pierden en el barrio halló refugio en su cabeza. «Por suerte», el proyectil ingresó desde tal ángulo que, en vez de ingresar a su cerebro, le destrozo la mandíbula y gran parte de su dentadura. Dichosamente mi tío sobrevivió; pero nunca más volvió a ser el mismo.    

En busca de un mejor futuro, y casi que aleatoriamente, mi madre migró a Costa Rica. Yo me quedé en el barrio Caicedo al cuido de mi abuela y padre durante seis años, más o menos. Gran parte de los recuerdos que tengo de esa etapa de mi vida, en su mayoría gratos, los viví en la cuadra llamada Los Charcos. Las recochas de fútbol, el chuta tarro y volar farolitos armados con hojas de cuaderno son parte de esas memorias que compartí con primos y amigos de la cuadra. Mi mejor amigo de la infancia se llamaba Genninger, lamentablemente tampoco vive.

 

Una vez que mi madre consideró que tenía cierta estabilidad económica, me trajo a Costa Rica.

 

Yo era un adolescente solitario y depresivo, pero el Hip Hop salvó mi vida. Considero que el asesinato de mi padre y la quiebra financiera que nos abatía a mi madre y a mí son razones suficientes para justificar mi íngrima conducta y estado de ánimo en ese entonces. Sin embargo, uno de los factores que más me atormentó fue la crisis de identidad sufrida durante esa época.

Lamentablemente, me vine para Costa Rica sin haber terminado de forjar muchos lazos con parte de la cultura y gente de Colombia. Por otro lado, aún no me sentía del todo arraigado al entorno en el cual recientemente mi madre me había traído a vivir. Fue en ese entonces cuando conocí el Hip Hop, o él me encontró a mí, no sé. Dentro de este movimiento hallé la identidad y el desahogo a todas mis emociones y pensamientos mediante la composición de canciones.

 

En el 2018 publiqué mi primer disco titulado Epidemia HH y para el próximo año pienso sacar mi segundo disco, además de algunas sorpresas que soltaré dentro de poco. Sumado a esto, actualmente formo parte de un colectivo de raperos bautizado como el AnderKlan. Esta cultura que hoy represento me dio un lugar y me atrevería a expresar que también me brinda cierta estabilidad psicológica y emocional. El Hip Hop salvó mi vida.

Por último, me gustaría expresar que admiro la cultura y tradiciones de Colombia y si no pude adaptarme cuando intenté vivir de nuevo ahí fue porque el problema estaba en mi interior (no al contrario), que amo Costa Rica y agradezco a las personas que hicieron de su hogar un refugio para mí, cuando no tenía ni dónde caer muerto. Sin embargo, con el respeto que el gran Randy Acosta merece, me permitiré culminar esta humilde redacción con un lema suyo: “Mi nación es el rap, hasta el día en que me muera…”  

*Créditos fotografías del artículo: West Pérez

Sobre el autor

Dialéctico combina su oficio por el arte y la cultura con sus estudios en la carrera profesional de Enseñanza del Español. Actualmente desarrolla un espacio semanal llamado "Seminario de Cultura Hip-Hop" con estudiantes de secundaria en la capital costarricense de San José. Colombiano de origen hoy el rapero ha encontrado su patria en la expresión cultural que más lo apasiona: la cultura Hip-Hop.