Nochi:

Un ensayo sobre el presente del sonido digital en Costa Rica

por David Mora Robles

El día que Nochi puso acetatos en la asocia

Conozco a Nochi desde que estábamos en la UCR. Aunque ahora parezca difuso, el cuarto piso del “viejo” edificio de Ciencias Sociales, donde las Asociaciones de Estudiantes de Sociología y Antropología se encontraban (y se saludaban por una ventana/hueco hecho por un martillo un día por “alguna gente…”) promovieron muchos encuentros. 

 

En esos días, yo andaba con Jarana jarocha en la espalda. Quizás aún manchado por la nostalgia veracruzana. Cantaba y no dejaba de cantar la misma canción, siempre. Ya tenía cansado al cuarto piso cuando por algún lado sonaba: “Luna negra, negra, luna, negra! Color de tu madre!” Quizás alguna gente que esté leyendo este pequeño relato recuerde esa canción ahora también manchados/as por la nostalgia universitaria… 

 

Nochi andaba por ahí en esos días. Con sus headphones enredados en el pelo largo. Al inicio, compartimos conversaciones sobre antropología y sociología de la música. Si mal no recuerdo, fue de las primeras personas que conocí interesados en la antropología sonora y visual y me compartió varias referencias. Pero lo que no sabía es que detrás de todo esto estaba lo que de verdad lo apasionaba. Y pronto lo iba a descubrir.

Recuerdo uno de esos días con nostalgia. Era fin de semestre y ocurrió algo que para nosotros como estudiantes podría ser equivalente a un aquelarre de fin del mundo. 

 

Al inicio cuando empecé a escuchar de lo que querían hacer no lo creía posible. “Tarde de Acetatos” vi pegado en varios lugares. Era algo que tenía que ver. Hasta que después de alguna clase de Sociología Marxista o Sociología de la Religión (se pueden imaginar esos debates en mi mente) subí al cuarto piso y desde las escaleras escuché el estruendo.

 

Varios parlantes, dos tornamesas, decenas de discos, más de cincuenta personas y una nube densa de un vapor (mezcla única entre humo de sustancias y vapor humano) rugían desde una de las “asocias”. Yo estaba ahí, bailando acetatos de Héctor Lavoe, de Soda Stereo, después sintiendo como el piso del edificio ondulaba (literalmente, éramos muchas personas) a ritmo de Fela Kuti.

 

No recuerdo cómo terminó ese día. Lo que sí recuerdo es que para todos y todas los que estuvimos ahí ese fue “El día que Nochi puso acetatos en las asocias”. Muchas historias, años después han comenzado con esa línea.

 

Hoy, con algunos miles de días encima, puedo ver para atrás y preguntarme: en qué momento fue que este mae despegó así? Cómo pasó de ser el locazo de Hatillo con el que hablaba de acetatos y máquinas en la U a ser Dj Nochi: un dj con varios discos y Ep´s, giras por Perú, Chile y Argentina, investigaciones sonoras (no solo sobre cumbia, sino que Nochi está detrás de un proyecto de paisaje sonoro y naturaleza que se las trae…), así como eventos periódicos que sacuden la escena tropical de la capital costarricense.

¿En qué momento despegaste Nochi?

 

Soy sincero. Hago esta pregunta porque le perdí la pista. Mi camino fue otro y la historia no me deja de marear cuando, después de un tiempo, doblo en la esquina y me lo vuelvo a encontrar. La historia no se repite. Pero si traspasamos por ciclos. Y esos ciclos son aún más evidentes cuando otra persona acaba de llegar al mismo punto del ciclo con vos. Es aquí hoy donde me lo vuelvo a encontrar.

 

Lo visito un día en su casa junto al editor de esta suculenta revista (Francis Muñoz) para conversar sobre “algo” para este número y sigue siendo Nochi. Las historias, las risas, las plantas, las máquinas sonoras, los ritmos raros que ahora investiga con la curiosidad de un monje en la sección prohibida de alguna biblioteca virtual de samples y beats.

 

Ahí sigue el Nochi que conocí. Sin embargo, ahora se me hacen evidentes dos atributos que pienso que son la respuesta a mi pregunta anterior: lo veo “mordido” y curioso.

 

“Mordido”, como aparece en el “Léxico Juvenil Costarricense” (2017; pp.71) de Gabriela Ríos González (unas páginas abajo de “meneito”) quiere decir:

“mordido –da adj. 1. Esforzado, dedicado. Juan es mordido, siempre gana todas las carreras.2. Forma de tratamiento para alguien aplicado. ¡Eso, mordido! Otro curso que gana.”

Muchas personas que conocen a André Campos Romero coincidiran conmigo que este es uno de sus mejores atributos, y por el que, años después, sigo aprendiendo de él.  Nochi investiga y produce música electrónica desde las raíces culturales de la amplia geografía musical del país, sus tracks se particularizan por el sampleo de melodías y cantos de la música indígena y afrodescendiente del país.

Entre sus últimas obras encontramos el EP Afrosukia lanzado en el 2018. En este pequeño disco dedica algunos de sus pasajes musicales a las representaciones del pueblo indígena de Boruca en su fiesta tradicional: "El baile de los Diablitos".  Se trata de una interesante tensión entre las últimas tendencias de la música electrónica latinoamericana y lo que Nochi representa y rescata de las diferentes influencias culturales costarricenses. 

Y en este 2019 Nochi ha incursionado en el género del calypso costarricense rindiendo homenaje al principal calypsonian de Costa Rica: Walter Ferguson. La fusión entre sintetizadores y los bajos del calypso lograron un refrescante ritmo que sirve de base para la  melodía y canto del calypsonian más importante de la música caribeña de Costa Rica. Se trata de una obra que teje un puente entre el pasado, presente y futuro para de la música caribeña, fijando un importante antecedente  para las fusiones entre música autóctona y la música electrónica en el país.

​​​​​​Sus obras hablan por si solas, Nochi se desprendió del falso bajo techo del contexto cultural costarricense y hoy incursiona junto a otros productorxs de música electrónica del país en las fusiones entre las raíces culturales propias y las tendencias del world music. La producción del evento llamado Afro-Cumbia ha consolidado un espacio para la exposición de las nuevas tendencias de la música electrónica en la región, siendo ya un espacio muy concurrido para escuchar y bailar al ritmo de la música afro-latina, pero también de las nuevas tendencias como el juke y el down tempo.

Nochi se mordió, no sé hace cuanto, tal vez desde que ignoró e hizo a un lado a tanta gente que quiso bajarle el piso; cuando dejó de lado el “quietismo” de nuestro “ambiente tico”, como solía resonar Yolanda. 

Ahora que despegó, sólo le queda seguir volando.

Sobre el autor

David Mora Robles músico y sociólogo. Actualmente esta sumergido en el estudio de las tendencias del  sonido digital e impulsa uno de los proyectos de música joven más interesantes en la actualidad: hablamos de la banda Maldito Delorean. Sin embargo, nuestro reincidente columnista también cuenta con una interesante carrera como sociólogo donde se ha dedicado al estudio de temas relacionados con juventud, desigualdades y cultura.